Esperanza Alonso

Psicóloga General Sanitaria. Colegiada M-19091 Tel. 699274880

viernes, 3 de abril de 2020

He perdido a un ser querido por coronavirus y no puedo despedirme



Cuando fallece un ser querido se altera el equilibrio personal, familiar y social  y la consiguiente adaptación a la pérdida supone una reorganización, a corto y a largo plazo, en la que las etapas de duelo sociales, familiares e individuales se influyen mutuamente.

Ante una situación de pérdida necesitamos el contacto con los otros y esa conexión es de vital importancia para el equilibrio emocional actual y futuro. Según, van der Kolk (1996) el impacto en la memoria de la pérdida esta mediatizada por la presencia o ausencia de una relación de apoyo de otro ser humano.

Si el entorno no puede reconocer y validar el sufrimiento, no puede ayudar a la persona que ha perdido a un ser querido a expresar sus sentimientos y necesidades, si no recibe el contacto cálido y comprensivo de los allegados, los sentimientos de dolor pueden acrecentarse (Payás, 2012).

Ante el estado de alarma y el confinamiento que conlleva el Covid-19 muchas personas se encuentran solas frente a la pérdida de un ser querido. No tenemos los besos, abrazos y palabras de cariño de los otros, que, auque no evitan el dolor nos puedan ayudar a aceptar estos momentos por si mismos difíciles. Esta ausencia de contacto de apoyo en el momento de la pérdida lo llamamos “pérdida secundaria” lo que puede llevarnos en un futuro al denominado “duelo patológico”.

El "duelo patológico" nos lleva a mantener la tristeza, los sentimientos de culpa, ira y soledad, durante meses e incluso años. No podemos seguir con nuestra vida como antes de la pérdida, el dolor por la pérdida interfiere en nuestro día a día, la angustia y ansiedad ante el recuerdo de la persona fallecida aparece reiteradamente a pesar del paso del tiempo.

¿Qué puedo hacer para evitar un "duelo patológico"?


Tanto si nos encontramos confinados con la familia como si estamos solos, es importante que compartamos el dolor, que hablemos entre nosotros de lo que nos ha ocurrido,  de cómo nos sentimos, y ante todo arropar y sentirse arropado por los otros. Llorar juntos todo lo que deseemos, no bloquear las lágrimas por evitar que las personas que queremos nos “vean llorar”,  estamos tristes y lo compartimos, como en otras ocasiones compartimos las alegrías.

Vamos a aprovechar las herramientas que tenemos en nuestras manos. No podemos tener contacto físico pero si podemos vernos, y escucharnos. Las llamadas de teléfono, los mensajes, las videollamadas nos ayudan a sentirnos cerca y acompañados de los otros, pese a la tristeza podemos mantener este lazo de unión.

Nos ayudaría tener presente una foto de la persona que se ha ido y hablar de ella y con ella, de lo que nos ha pasado, de lo que estamos viviendo ahora, de como ha ocurrido todo. Si estamos en familia podemos dirigirnos todos reunidos a esa persona que se ha ido, escuchar lo que cada uno quiere contarle, compartir recuerdos y anécdotas.  No tenemos los ritos y las ceremonias que hubiesen sido lo normal en otras circunstancias y que nos ayudan a gestionar el dolor, pero si podemos crear nuestras propias ceremonias, ya tendremos tiempo luego de hacerlo fuera.

No podemos cambiar lo que nos ha pasado, pero si podemos mejorar nuestro futuro.

Aquí os dejo un link con la guía que ha publicado en Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid para

martes, 23 de octubre de 2018

Cómo actuar ante los cambios de mi hijo adolescente.

Adolescencia y nuevas tecnologías

Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia empiezan a surgir cambios en la relación con los adultos, especialmente en la  familia, lo que nos lleva a  pensar que algo está pasando, o que algo no hemos hecho bien. Esta es una etapa importante, en la que nuestros hijos empiezan a buscar su lugar en el mundo, lo que conlleva que la familia  pase a ocupar un segundo lugar, siendo sus amigos y  sus aficiones los que toman protagonismo en sus vidas. 

El adolescente busca diferenciarse de lo que hasta ahora era su punto  de apoyo, necesita mostrar que puede tomar sus propias decisiones, aunque estas sean simplemente lo contrario de lo que le exigen en casa. Además se trata de una etapa de gran inestabilidad emocional, pudiendo pasar del enfado e ira a la euforia en un segundo y por circunstancias que podemos considerar intranscendentes.

Pero lo positivo es que también es una gran etapa para enseñar y educar a nuestros hijos, ya que los valores y conocimientos que adquieran ahora les guiarán durante toda su vida.  En esta etapa la forma de educar y relacionarnos con nuestros hijos debe ser diferente a lo que hemos estado haciendo hasta ahora,  debemos ser tolerantes en las pequeñas cosas, como en su forma de vestir o de peinarse, para exigir en las fundamentales, como respetar las normas de convivencia o con respecto al tiempo que pasa delante de los videojuegos, el uso del móvil o la televisión. Es importante mostrar interés por sus cosas, por ejemplo, preguntándole de que trata el videojuego que tanto le gusta o las peculiaridades de las distintas redes sociales.

La forma de fijar normas y límites será a través del diálogo, Nuestro objetivo será llegar a acuerdos que él mismo se comprometerá a cumplir, en el caso del uso de las tecnologías, podemos decidir con nuestro hijo cuánto tiempo puede dedicarles y buscar juntos alternativas para el resto de su tiempo de ocio.  Pero, ante todo, compartir tiempo con él y con sus aficiones, meterse en su mundo buscando siempre el diálogo y,  si es necesaria la crítica, esta será serena, desde el respeto y ante todo evitando la ironía o el sarcasmo. No debemos olvidar que se sienten adultos y que los traten de niños es lo que más rechazo les puede producir.

lunes, 1 de octubre de 2018

Siento que mi relación de pareja está estancada

Terapia de pareja
Relación estancada, aburrida...?
Muchas veces, después de años de convivencia en pareja, aparece la desidia, el aburrimiento y sentimos que la llama que ardía cuando empezó la relación se ha apagado totalmente. En esos momentos nos planteamos ir a un psicólogo a pedir ayuda o a llevar a cabo una terapia de pareja.


Como indica Sternberg el amor se caracteriza por tres componentes: la pasión, como deseo de unión  y sexualidad, la intimidad, sentirse bien con la persona amada, apoyado, comprendido y con un alto nivel de comunicación. Y por último el compromiso, que se da cuando decidimos unirnos como pareja para continuar la relación a largo plazo. La pasión que suele aparecer en primer lugar da paso a la intimidad y ésta al compromiso. Pero ninguno de estos componentes son infinitos por sí mismos y hay que trabajar día a día para mantenerlos vivos en la relación, como una planta que tenemos que cuidar cada día, con un poquito de agua diariamente y con una porción extra de abono de vez en cuando. Las parejas evolucionan, pasan por distintas etapas y está en nosotros buscar en esa evolución el punto de ilusión evitando caer en una rutina que es el primer síntoma de vacío en la pareja. La rutina nos puede llevar a acomodarnos a una situación, sin alicientes ni nuevos retos, lo que acaba generando no sólo la falta de pasión, sino la falta de interés por compartir tanto confidencias como vivencias.

Por otro lado, parece que aunque no existe la ilusión del principio por estar juntos, algo impide la separación. Esto es señal de haber generado una dependencia emocional mutua que no permite alejarse el uno del otro. Una de las causas de la dependencia emocional es la  falta de seguridad en uno mismo, se basa en la creencia irracional de no poder estar bien consigo mismo sin el apoyo del otro  al que necesito como columna a la que agarrarme, sintiendo miedo con la sola idea de perder este pilar.

Lo primero es aumentar la confianza en uno mismo como individuo independiente, con inquietudes y proyectos propios. Si quiero una relación de pareja será por propio deseo, no por razones autoimpuestas y ajenas a la propia relación, como creer que no se puede romper después de tanto tiempo o que ya es hora de tener pareja.  Sólo desde la aceptación de poder vivir sin el otro, podemos volver a ilusionaros, pero buscando nuevos retos, nuevas cosas que compartir y sobretodo ser capaz de sorprender al otro.

martes, 7 de agosto de 2018

Yo no quiero buscar mis orígenes

Hace poco vi la película Lion, sobre la búsqueda de orígenes de una persona adoptada siendo niño. 

Esto coincidió con algunos casos muy cercanos a mí, que también han buscado sus orígenes y la experiencia positiva que esto les ha supuesto.

A ello añado muchos artículos leídos sobre la necesidad de encontrar la “pieza del puzzle que falta”, el sentimiento de plenitud al completar la narración de nuestras vidas, etc. 

Y entonces me sorprendo a mí misma percibiendo  como una necesidad de toda persona adoptada la búsqueda de sus orígenes. 

Para ponerme en otro lugar, pronto aparecen frente a mí personas que no desean pasar por esto, y que están percibiendo como lo que hasta ahora era un tabú, se está convirtiendo en una obligación y que si no lo llevan a cabo se le piden explicaciones, pero ¿no quieres saber?, de verdad ¿no te interesa? y se sorprenden a ellas mismas buscando justificaciones antes de que les digan que tienen miedo o que deberían superarlo y enfrentarse a su pasado si quieren estar bien.

Parece que nos movemos por polos, pasamos de un lado al otro. Respetemos la libertad y necesidad de cada uno, no encasillemos los sentimientos en teorías que no sólo cambian con el tiempo, sino que cambian con cada uno de nosotros.

Algunos niños adoptados quieren saber y otros no. Respetemos todas y cada una de las posturas.

lunes, 12 de marzo de 2018

Discurso de Steve Jobs en Stanford

Steve Jobs fue una persona que difícilmente dejaba indiferente a nadie que escuchara sus entrevistas o discursos ya sea como seguidor o como detractor.

Este discurso que nos habla de la resilencia, de la búsqueda de la felicidad o de la muerte, puede ser inspirador y un importante apoyo en ciertos momentos de nuestra vida.

Discurso de Steve Jobs en Stanford

miércoles, 14 de septiembre de 2016

¿Cómo se ha llegado al caso del niño de Sueca?


El acogimiento pensado para que un menor en situación de desamparo pueda vivir y crecer dentro de un ambiente familiar normalizado, tiene muchas ramificaciones que no se ajustan necesariamente a los supuestos que pretenden resolver las leyes de protección del menor.
Aunque únicamente conozco los detalles aparecidos en la prensa, parece ser que nos encontramos ante una familia que tras un largo periodo de trámites consiguen ser los padres preadoptivos de un bebé, -se supone que el acogimiento preadoptivo es un proceso previo a la adopción para facilitar que el menor se integre a su futura familia mientras se resuelve el procedimiento administrativo de la adopción-. Por otro lado, nos encontramos con una madre a la que al parecer se le negó el derecho a criar a su hijo, ya sea por su edad, por vivir en un centro de acogida o por alguna otra razón que desconozco. En cualquier caso, en el centro de todo y rodeado de toda una parafernalia mediática se encuentra un niño de cuatro años que está viviendo las incongruencias de un sistema que en materia de acogimiento y adopción presume de buscar siempre “el interés superior del menor”.
Si en su momento hubo unas razones con suficiente peso como para negar a la madre su derecho a criar a su hijo hace cuatro años, ¿qué ha pasado? ¿Esas razones han desaparecido y ahora se puede cambiar de opinión como si en lugar de un niño hablásemos de  un objeto con derecho a devolución? ¿Es interés superior del menor decidir cambiar sus referencias afectivas  tantas veces como unas leyes inconsistentes nos permitan? ¿Es esta la mejor opción que se nos ocurre? ¿Es esto lo que se llama el amparo de la Administración?
Por otro lado, cuando una familia se enfrenta a la Administración en un proceso adoptivo, la sensación que expresan las familias es de impotencia ante unos agentes que consideran que tienen toda la verdad sobre qué es lo mejor para el menor,  dejando de lado al resto de los implicados en el proceso como si esto no influyese en el bienestar posterior de la familia y por tanto del hijo.
Existe una gran brecha entre la ley de protección de la infancia y adolescencia y la realidad a la que se enfrentan las familias que es necesario valorar buscando alternativas a cada caso concreto.
Desconozco si se ha buscado algún tipo de interrelación entre las partes en el caso del niño Joan o Juan Francisco, que ni siquiera se le deja un nombre como señal de identidad, si se han buscado alternativas a la ruptura tanto con su madre biológica cuando nació cómo con sus padres preadoptivos actuales. Por lo aparecido en prensa parece que no. ¡Ojalá me equivoque! En cualquier caso y por desgracia este no es el único caso de este tipo que tenemos en España, espero que al menos sirva para dar a conocer las déficiencias de una legislación y de una administración que parece no querer mirar más allá de lo que la ley les marca, aunque esa ley en ocasiones resulte ineficaz.